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ANTIGUA, GUATEMALA: TESORO COLONIAL AL PIE DE LOS VOLCANES
Por: Vilma G. Rosatto
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  • 07 de Marzo de 2017

ANTIGUA, GUATEMALA: TESORO COLONIAL  AL PIE DE LOS VOLCANES

Por Vilma G. Rosato

 

Desde el cielo despejado, el sol brillaba sobre las casas avivando el rojo de las tejas.  Al fondo de la calle empedrada se erguía la mole del Volcán de Fuego, que,  junto a los volcanes  Acatenango  y de Agua  dominan el valle donde se extiende la Muy Noble y Leal Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala o Antigua, como se la conoce más comúnmente.

Esta ciudad, capital de la Capitanía de Guatemala entre 1541 y 1776, fue abandonada  debido al riesgo de los terremotos hasta la fecha de la independencia en 1821, cuando recuperó el título de ciudad y fue designada capital del departamento de Sacatepéquez y en 1979 la UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad.

Esta distinción es muy fácil de entender cuando se pasea  por calles flanqueadas por casas bajas de muros espesos y pintadas de diversos colores claros, portones de columnas gruesas y bajas, puertas de madera con llamadores de bronce y ventanas enrejadas, cruzando  esquinas sin ochavas.

De tanto en tanto nos detienen mujeres vestidas con los trajes tradicionales para ofrecernos artesanías: chalinas, mantas y collares. También los negocios aportan color  con su propia oferta de mantas,   blusas típicas y sombreros, entre muchas tantas cosas. Para los turistas que prefieren regalos más costosos,  hay joyerías elegantes que  ofrecen collares, colgantes y aros de distintos estilos realizados con jade, piedra que se encuentra en abundancia en Guatemala en el valle de Motagua y  era sagrada para los mayas, quienes la consideraban la piedra de la creación, símbolo de vida y fertilidad.

Pero el atractivo de esta ciudad no son sólo sus vendedoras y negocios, sino su arquitectura barroca colonial. Es admirable la iglesia de Nuestra Señora de la Merced,  de un suave tono amarillo con la exuberante ornamentación delicadamente pintada de blanco  y el convento vecino, con su claustro austero y la enorme fuente.

También es digna de ver la iglesia de San Francisco, donde se halla la sepultura del Santo Hermano Pedro  Betancur, que dedicó su vida a los pobres, atendiendo a los enfermos y enseñando a leer y escribir a los analfabetos.

Otro edificio majestuoso es la Universidad de San Carlos, fundada en 1675, con su fachada característica barroca.  Desde allí se llega en pocos metros a la plaza que ofrece la sombra de sus árboles, la frescura de la fuente y está rodeada por la Catedral, la Casa de los Corregidores y el Ayuntamiento.

Para quienes estén interesados en la historia, es casi una cita obligada el Paseo de los Museos, en la antigua iglesia de Santo Domingo, hoy convertida en hotel, salón de fiesta y sala de convenciones. Allí se pueden admirar los antiguos rodeados por  galerías con columnas de madera donde se entrelazan las  Thunbergias, enredaderas de flores amarillas que atraen diversas aves como los colibríes además de mariposas.   Y, tras pasear entre patios, fuentes y jardines,   hay mucho para ver: el Museo Arqueológico, el Museo de Arte Precolombino y Vidrio Moderno, el Museo de Platería, el Museo Colonial, el  Museo de Artes y Artesanías populares de Sacatepéquez y el Museo de la Farmacia.

Y ya al fin de esta larga recorrida, los dejo: voy a recuperar fuerzas a Choco-Museo disfrutando una taza de xocolatl

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